Spam Zoo


7.6.03

Estimado Gerente General,
Eran aproximadamente las 9:30 de la noche del último Lunes del 2002, cuando las lágrimas se empezaron a acumular en los ojos de Álvaro Peña.
Su pequeño negocio, por el que había luchado por más de tres años, estaba por irse a la quiebra. La recesión en Buenos Aires le había sofocado, como a un suspiro en una tormenta.
Este año el pan dulce había tenido un sabor amargo. A los 42 años de edad, la peor pesadilla de Álvaro estaba por hacerse realidad: tener que despedir a sus cuatro empleados y — aún peor — decirle a su esposa y a sus dos hijos que estaban en la ruina.
En realidad, para siquiera “calificar” de quebrado le faltaban US$5.300, ya que era eso lo que le debía a sus acreedores. El otro problema es que había usado su tarjeta de crédito personal para pagar algunas de las cuentas del negocio. “Siempre que llovió paró,” se repetía Álvaro una y otra vez para consolarse. Pero esta vez, la sabiduría popular no parecía responder a sus plegarias...
Álvaro sabía que tenía que hacer algo rápidamente para cambiar su situación. De algún lugar de su mente una voz pareció decirle, “si sigues haciendo lo que siempre haz hecho... seguirás obteniendo los mismos pobres resultados.”
Revisando su correo al día siguiente, encontró un e-mail en el que un amigo le había regalado una suscripción gratuita a un nueva revista electrónica de marketing. Aunque un par de meses atrás había dudado que solamente "información" pudiera salvarlo de la ruina, ahora estaba dispuesto a probar lo que fuera para salir adelante. Y como en muchos otros casos, cuando un ser humano toca fondo, este fue el momento decisivo en que las cosas comenzaron a cambiar para él.

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